Fotos: Gentileza CHANEL.
Matthieu Blazy explora las múltiples facetas de Gabrielle Chanel en una colección que reinterpreta los códigos de la maison a través de la sastrería, la ligereza y el movimiento. Un diálogo entre pasado y presente que encuentra en la libertad su mayor inspiración.
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Fotos: Gentileza CHANEL.
«La niña que fui alguna vez está conmigo hoy». En esta reflexión recogida en Mémoires de Coco, Gabrielle Chanel revela una relación íntima con las distintas versiones de sí misma: la niña que imaginó su futuro y la mujer que transformó la historia de la moda. Para Primavera/Verano 2027, Matthieu Blazy retoma esa idea y construye una colección alrededor de las múltiples identidades de la fundadora de la maison, entendiendo su legado no como una imagen estática, sino como una historia en constante evolución.
Lejos de plantear una revisión estrictamente histórica, el director creativo propone una conversación entre las distintas etapas de la vida de Gabrielle y las posibilidades que todavía ofrecen sus códigos. La libertad, una de las ideas que definieron su visión de la vestimenta femenina, atraviesa la colección y se traduce en prendas que cuestionan las convenciones, suavizan las estructuras y permiten que el cuerpo recupere protagonismo.
La colección comienza con una referencia fundamental en la historia de la maison: la ropa interior de jersey, asociada a los primeros gestos de Gabrielle Chanel por liberar el cuerpo de las estructuras rígidas de su época. A partir de esta idea, Blazy recorre la evolución de la silueta femenina y recupera elementos de la corsetería, la sastrería y la vestimenta masculina para transformarlos en nuevas propuestas.
El traje, uno de los grandes emblemas de CHANEL, aparece reinterpretado como una segunda piel. Las líneas se adaptan al cuerpo, los volúmenes se aligeran y las construcciones tradicionales adquieren una dimensión más flexible. Los peplums, los cuellos y las curvas de antiguos vestidos reaparecen como referencias de otras épocas, integradas en prendas que evitan la rigidez de una reconstrucción literal.
La sastrería masculina ocupa un lugar central en este recorrido. Los códigos formales se descomponen y adquieren nuevas formas en chalecos de bordes sin terminar, pantalones y trajes de falda lápiz. Esta exploración convive con una feminidad inspirada en los años treinta, visible en vestidos de noche con lentejuelas, cortes al bies y piezas tejidas y bordadas. El resultado no busca enfrentar lo masculino y lo femenino, sino explorar el espacio que existe entre ambos.
El movimiento también define el flou de la colección, donde las sedas transparentes, las distintas densidades de los tejidos y los volúmenes amplios construyen una silueta en transformación. Las prendas parecen cambiar de forma con cada paso, evocando el movimiento de las nubes y sus variaciones.
La luz introduce otra dimensión narrativa. La mañana, la hora dorada y la noche aparecen como momentos de un mismo recorrido, trasladados a las texturas, los colores y la caída de los materiales. En lugar de imponer una silueta única, Blazy propone una moda que se adapta al movimiento y a las distintas facetas de quien la lleva.
Esta sensación de libertad alcanza una de sus expresiones más interesantes en el smocked tweed, una reinterpretación del tejido más emblemático de CHANEL que incorpora elasticidad y movilidad sin renunciar a su identidad. La innovación no consiste en abandonar la tradición, sino en encontrar nuevas maneras de habitarla.
Fotos: Gentileza CHANEL.
Las golondrinas y los vencejos se convierten en uno de los motivos centrales de la colección. Su presencia aparece en botones, joyas y bordados, pero también conecta con la idea de movimiento que recorre las prendas. Como símbolos de vuelo y transformación, las aves evocan el impulso de Gabrielle Chanel por construir una identidad propia y escapar de los límites impuestos a las mujeres de su tiempo.
Los accesorios prolongan esta conversación entre pasado y presente. El desfile comenzó y terminó con Dyanira Hurbuscher llevando el bolso 2.55 original de Gabrielle Chanel, perteneciente a los archivos Patrimoine. El gesto estableció un vínculo directo con la historia de la maison, mientras los bolsos flap de distintas épocas y las nuevas propuestas de marroquinería ampliaron el diálogo entre herencia e innovación.
Entre los diseños destacó también una minaudière con forma de jaula de pájaros, una pieza que refuerza la dimensión simbólica de la colección. La imagen de la jaula y el vuelo adquiere aquí una lectura especialmente sugerente: la libertad no solo como aspiración estética, sino como una idea que acompañó la trayectoria de Gabrielle Chanel.
«Esta no es una colección histórica; es una colección sobre las múltiples facetas de la historia de Gabrielle Chanel», explicó Matthieu Blazy. La declaración resume la intención de una propuesta que mira hacia los archivos sin quedar atrapada en ellos. Cada referencia, desde el jersey y el tweed hasta el bolso 2.55, se convierte en un punto de partida para imaginar nuevas formas de vestir.
Fotos: Gentileza CHANEL.
Para Primavera/Verano 2027, CHANEL encuentra en la historia personal de su fundadora una manera de hablar del presente. La niña, la creadora, la mujer que desafió las convenciones y la diseñadora que transformó la silueta femenina conviven en una colección donde la identidad no es una sola, sino una sucesión de posibilidades.
Al final, la libertad aparece como el verdadero legado de Gabrielle Chanel: la capacidad de cambiar, de reinventarse y de encontrar una voz propia. Una idea que, décadas después, Matthieu Blazy traduce en prendas que no solo recuperan la historia de la maison, sino que la mantienen en movimiento.

