En una noche dominada por la sofisticación medida, el glamour contenido y una estética que dialogó con el viejo Hollywood, Chelsea Handler hizo algo poco habitual en las grandes galas: detuvo el ritmo para recordar.
Al abrir los Critics Choice Awards, la comediante dejó de lado el sarcasmo para pronunciar una frase que resonó con una elegancia inesperada: “El más bueno de la industria fue Rob Reiner”. Más que una cita, fue una declaración de valores en una industria donde la imagen suele hablar más alto que la esencia.

Reiner —director y actor detrás de clásicos que definieron la sensibilidad romántica y narrativa del cine contemporáneo— fue recordado no solo por su legado creativo, sino por su humanidad. En un Hollywood atravesado por transformaciones culturales, su figura emergió como símbolo de una era donde el talento convivía con la generosidad.
La moda acompañó el clima emocional de la noche: paletas sobrias, cortes depurados, joyería discreta, una alfombra roja que apostó por el lujo silencioso y la nostalgia bien entendida. En ese contexto, el homenaje de Handler se sintió orgánico, casi necesario.
Porque si algo dejó claro la velada es que el verdadero estilo —dentro y fuera de la moda— también se manifiesta en la capacidad de honrar a quienes dejaron huella. Y en ese gesto, Chelsea Handler marcó el tono de una noche donde el recuerdo fue tan protagonista como los looks.















