El turismo es una de las principales fuentes de divisas del Perú y tiene un problema estructural conocido: la concentración. Una proporción muy alta de los visitantes internacionales recorre la misma ruta.

El circuito dominante

Lima, Cusco, Valle Sagrado, Machu Picchu y, con suerte, Puno y Arequipa. Es un itinerario excelente, y por eso mismo satura infraestructura, eleva precios y presiona sobre el patrimonio.

La presión sobre el circuito sur obligó a establecer aforos y circuitos regulados.
La presión sobre el circuito sur obligó a establecer aforos y circuitos regulados. — Foto: Allard Schmidt (The Netherlands) / Wikimedia Commons (Public domain)

Espacio publicitario · 300x250

Video: «Machu Picchu - Los secretos de los arquitectos incas | DW Documental» — DW Documental (YouTube).

Lo que queda fuera

La costa norte, con Chan Chan, Sipán y Kuélap; la Amazonía, con Tambopata y Manu; la Cordillera Blanca; y toda la red de gastronomía regional fuera de Lima.

Kuélap, en Amazonas, ofrece una escala monumental comparable a la del circuito sur.
Kuélap, en Amazonas, ofrece una escala monumental comparable a la del circuito sur. — Foto: Elemaki / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.5)

Lo que haría falta

  • Conectividad aérea y terrestre hacia destinos secundarios
  • Capacidad hotelera de calidad fuera de las capitales
  • Guías formados y bien remunerados en cada región
  • Promoción de rutas temáticas, no de un solo monumento
  • Gestión de carga en los sitios más presionados

El indicador que importa

No es el número de visitantes sino cuántas noches pasan y cuánto de ese gasto se queda en la comunidad receptora. Ahí el circuito descentralizado gana siempre.

Repartir el turismo no es solo una cuestión de equidad territorial: es la única forma de que Machu Picchu aguante.