Carlos Cousiño MeryFoto : Carlos Cousiño Mery, séptima generación de la viña Cousiño-Macul

Hay un lujo que exige tiempo ,  detenerse ante una copa, descubrir sus matices y volver al plato para encontrar una nueva lectura. Esa fue la invitación de esta experiencia dedicada a Cousiño-Macul, cuya carta articuló cinco tiempos entre blancos, tintos y un cierre de inspiración peruana. Una secuencia pensada para explorar el maridaje como parte esencial de la conversación gastronómica.

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La apertura reunió el Snack de la Casa con Cousiño-Macul Antiguas Reservas Chardonnay. Un primer encuentro de vocación aperitiva que introdujo el lenguaje de la mesa , atender a las texturas, reconocer la intensidad de cada bocado y observar cómo cambia su expresión al acompañarlo con vino.

Alta gastronomía entre copas y cerámica

Mesa gourmet con luz suave

El segundo tiempo propuso un contrapunto entre Don Luis Sauvignon Blanc e Isidora Riesling, junto al Ceviche Misterioso y Abusivo. Bajo el enunciado “Sauvignon vs. Riesling”, la carta invitaba a una lectura comparativa de dos variedades blancas. La acidez, el perfil aromático y la persistencia en boca se convertían así en claves para explorar su relación con el ceviche, uno de los grandes emblemas de la cocina peruana.

Plato gourmet con vino y cerámica

Mesa gastronómica de lujo

Con el arroz con magret de pato, el recorrido pasó a los tintos: Antiguas Reservas Merlot y Don Matías Carmenere. El magret —corte de la tradición culinaria francesa— introdujo otro registro gastronómico, propicio para prestar atención al cuerpo del vino, la textura de los taninos y su interacción con la untuosidad del plato. Un cambio de ritmo que desplazó el foco hacia la estructura.

Alta cocina con vino y cerámica artesanal

El cuarto servicio llevó a la mesa el Lomazo saltado, acompañado por Cousiño-Macul Tinto W (Doble U) y Finis Terrae. La elección situó una preparación de identidad peruana en el centro del recorrido enológico. Entre bocado y sorbo, la propuesta invitaba a considerar el equilibrio de intensidades: cuánto ocupa el plato en el paladar y cómo encuentra su lugar cada copa.

Alta cocina, vino y luz suave

El desenlace llegó con un tiramisú de algarrobina, servido con café, té o infusión a elección. Una reinterpretación del clásico italiano que prolongó el acento local del menú y abrió paso a la sobremesa.

Cinco tiempos para acercarse al vino desde la cocina, la curiosidad y el placer de comparar. Porque el buen gusto también consiste en eso: concederle a cada encuentro la atención que merece.